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| Dr.Maximiliano Ruíz Castañeda |
Y es que el "artículo 103 de su Ley General de Salud" dice textualmente:
"En el tratamiento de una persona enferma el médico podrá utilizar nuevos recursos terapéuticos o de diagnóstico cuando existe posibilidad fundada de salvar la vida, restablecer la salud o disminuir el sufrimiento del paciente siempre que cuente con el consentimiento por escrito de éste, de su representante legal, en su caso, o del familiar más cercano o con vínculo, sin perjuicio de cumplir con los demás requisitos que determine esta ley y otras disposiciones aplicables".
Pues bien, gracias a esta norma legal que interpreta perfectamente en el proceso de la curación el papel del médico (intermediario) y el del paciente (responsable último)- un grupo de investigadores y médicos mexicanos lleva largo tiempo trabajando en la aplicación de vacunas contra el cáncer. Médicos que no recomiendan abandonar los tratamientos habituales a fin de no generar inseguridad en los pacientes y evitar enfrentamientos con el establishment oncológico y se conforman con compatibilizar sus tratamientos con los convencionales centrándose en cuatro objetivos básicos: controlar el dolor del enfermo, mejorar su calidad de vida, ayudarle a superar su padecimiento y posibilitar la prevención. Nos consta, sin embargo, que tienen la esperanza de que en el futuro las vacunas que aplican lleguen a ser la parte principal del tratamiento de los enfermos de cáncer.
